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jueves, 31 de octubre de 2019

El soplo de una bruja.


Si vienes a mi con el ánimo que te apoye en el dolor y el sufrimiento que por víctima estás padeciendo, te aseguro que no encontrarás mi apoyo, te meteré en el fuego, te desnudaré con fuerza, te sentaré en la tierra, te bañaré con hierbas, te purgaré con amargos para que vomites la rabia y el embrujo que se atravesó allá adentro.

Golpearé tu cuerpo con hierbas buenas, te acostaré entre ellas, luego soplaré tu coronilla para limpiar las viejas memorias que te llevan a repetir lo mismo, soplaré tu frente para espantar los pensamientos que nublan tu visión, soplaré tu garganta para soltar el nudo que no te deja hablar, soplaré tu corazón para espantar el miedo, para que se vaya bien lejos donde no te pueda hallar.

Soplaré con agüita tu plexo Solar para que se apague el fuego del infierno que llevas dentro y puedas saborear el placer de la calma, soplaré con fuego tu bajo vientre para que se quemen los apegos, los amores que no fueron, los amantes que no se quedaron y los hijos que no llegaron, para que calienten tus ganas de sentir, crear y empezar de nuevo, soplaré con fuerza tu vagina o pene, para quitar la basura que recogiste de tanto intentar amarte, usaré la escoba, la esponja y el trapo que con seguridad limpiarán todas las amarguras que por allí entraron.

Soplaré tus manos para soltar las amarras que te impiden crear, soplaré tus pies para desempolvar y borrar las huellas para que no puedas regresar, por último te voltearás de espalda y soplaré tu columna desde la raíz hasta el cuello para que eleves tu fuerza, endereces tu camino y puedas caminar erguida (o).

Después de esto dormirás exhausta (o), soñarás bonito, te acompañará tu esencia, sonreirás plácidamente y cuando despiertes te estaré esperando, sonreiré irónicamente al ver tu cara de ángel y tu dulce sonrisa, comerás con gusto saboreando la vida, porque lo que yo te ofrezco lo viví conmigo, lo sentí, lo lloré y luego lo sane, lo curé y hoy es mi medicina...es lo que llevo dentro y es para ti.

Luego caminaremos juntas (os) y te enseñaré a crear, te mostraré mis logros, te mostraré mis plantas, te mostraré mi huerto, te llevaré hasta el fuego y allí juntas (os) en una sola voz, con la bendición del cielo y la contención de la tierra, le gritaremos a los cuatro vientos los anhelos de tu corazón.

La montaña susurrará tu eco y habremos creado juntas (os). Luego, nos inclinamos ante el fuego para agradecer a todos los guardianes visibles e invisibles y te agradecerás a ti misma (o), por tu valentía y coraje de haber permitido el Soplo de una Bruja.

PD: Y si regresas te doblaré la pócima…
Fuente: La medicina de la abuela Amtokatlnesli

miércoles, 10 de junio de 2015

Ser mujer, un viaje heroico




Todo empieza con una sensación de vacío, un sentimiento de vacío común en todas las mujeres de este tiempo “que las hace sospechar que su naturaleza femenina, al igual que Perséfone, se ha ido al infierno”. Este es el punto de partida del trabajo de Maureen Murdock, cuya obra “Ser Mujer. Un Viaje heroico” ha conseguido inspirar a miles de mujeres en todo el mundo y es un best seller internacional.

Murdock es escritora, psicoterapeuta junguiana y licenciada en terapia familiar, especializada en Desarrollo Humano. En su trabajo como terapeuta de mujeres, observó en ellas una pauta de insatisfacción constante por los éxitos profesionales, que describían como una sensación de aridez o vacío, de muerte espiritual, junto con la pregunta ¿para qué sirve todo esto?. 

Según la psicoterapeuta norteamericana, es aquí cuando se revela la búsqueda de la mujer hoy en día, la búsqueda del abrazo a su naturaleza femenina, de aprender a valorarse como mujer y a curar la herida de lo femenino. Se trata de un profundo viaje interior cuyo punto de llegada es un ser humano integrado, equilibrado y completo. Maureen Murdock representa este proceso como un viaje mítico que, en parte, evoca al modelo de búsqueda heroica descrita por Joseph Campbell, pero con etapas y lenguaje peculiares y propios para las mujeres.

Este proceso se inicia cuando la mujer rechaza su naturaleza femenina, identificada por miles de años de patriarcado como pasiva, voluble, débil, inferior, dependiente, demasiado emotiva e improductiva. En su afán por librarse de estas asociaciones negativas, las mujeres se han ido identificando progresivamente con los valores masculinos de nuestra cultura, generando un desequilibrio interno dentro de sí que las ha dejado marcadas y heridas. 

Así, muchas mujeres que han hallado reconocimiento en una sociedad dominada por los hombres, al final, éste “éxito” les ha resultado insuficiente e, incluso, destructivo. El hecho de tomar conciencia de todo esto, permite a la mujer reconectarse de nuevo con lo femenino, hasta alcanzar su plenitud personal.

Y, ¿cómo describe Maureen Murdock todo este proceso? En primer lugar, el viaje comienza con la búsqueda de la identidad de la mujer (puede producirse por muchas circunstancias: una enfermedad o un accidente, el final de una relación, la muerte de un padre o un hijo, un sueño frustrado, insatisfacción, etc.), cuando el “viejo ser” ya no vale y la mujer empieza un descenso hacia su interior, un camino de vagar sin rumbo, de pena y de rabia, de destronar reyes, de buscar los pedazos perdidos de una misma y de encontrarse con la sombra femenina. 

En este período, se empieza a curar la herida que resultó del rechazo inicial de lo femenino, la ruptura madre/hija, y se comienzan a nutrir los propios sentimientos, la intuición, la sexualidad, la creatividad o el sentido del humor. Y, también, las ganas de hacer proyectos creativos, de conectar con la naturaleza, de descubrir el cuerpo y de disfrutar de la compañía de otras mujeres. Es una etapa de decisiones.

Durante este trayecto interior, la mujer también redescubre y empieza a reivindicar el alma perdida de la cultura femenina y sus referentes, lo que muchas mujeres llaman reclamar a la Diosa. Hasta ahora, las mujeres han emulado el viaje heroico masculino porque no había otras imágenes que seguir y reproducir, dado que o bien tenían “éxito” en una sociedad masculinizada o estaban dominadas y dependientes como hembras. 

Por eso, el viaje heroico femenino pone al descubierto nuevos mitos y heroínas para cambiar las estructuras económicas, sociales y políticas de la sociedad. Según explica Murdock, éste debe ser el motivo por el que tantas mujeres dirigen sus ojos a la imagen de la Diosa y de las antiguas culturas matriarcales, para entender las formas de liderazgo más basadas en el compañerismo y en la cooperación.


Para llegar al final del viaje, la curación de la brecha femenina interna ha de ir aparejada a la lenta y sutil integración de los aspectos femeninos y masculinos de la mujer. En este sentido, no se trata de descartar todo lo aprendido y logrado anteriormente, sino de aprender de la experiencia y orientar esa sabiduría a usar las propias habilidades de otro modo. 

El matrimonio sagrado entre lo femenino y lo masculino permite saber navegar en las aguas de la vida cotidiana y escuchar las enseñanzas de lo profundo, ayudar a las necesidades de los otros respondiendo -a la vez- a las propias necesidades. Y trabajar, juntos, para preservar el equilibrio en la tierra, en beneficio de la humanidad.

Maureen Murdock

martes, 26 de mayo de 2015

La mujer esclava...



Me encontré este libro de 1907 con unos planteamientos muy interesantes, luego de contextualizar la exposición en el pensamiento y costumbre de la época. No pude dejar de tomar un trozo para compartirlo...

¿Qué mujer no se ha sentido esclava? A veces del hombre, y otras de nosotras mismas...

"Es necesario que esto acabe. Es necesario que la mujer [8] tome conciencia de sí misma, se canse de su estado presente, se niegue a ser por más tiempo ora una muñeca, ora una sirvienta y siempre una propiedad. Es necesario que sepa que no hay dignidad posible ni moralidad sino en la libertad, en la plena posesión de sí misma. Quiera ser libre, y lo será.

La libertad de la mujer sería una gran revolución cuyas consecuencias no pueden calcularse. Sería el fin de las religiones, que sólo subsisten por ella, y por ella tienen aún al hijo y al hombre. Sería el fin de las guerras, que las mujeres detestan porque en ellas perecen tantos maridos e hijos. La adaptación de la mujer a las tareas modestas ha tenido algo de bueno, ya que le ha hecho perder las costumbres brutales y el gusto del homicidio.

La mujer instruida, entrando en la vida social, sería el medio más eficaz para la pacificación y el desarme, y no las palabras hueras de los déspotas. Sería el fin de la prostitución, del relajamiento mercenario y vil. Sería el fin del reino de la violencia y del aplastamiento de los débiles por los fuertes. Sería el advenimiento de la piedad y de la bondad.

La mujer libre es una humanidad nueva que se levanta".

René Chaughi; La mujer esclava (1907)


lunes, 9 de marzo de 2015

Cada mujer es una Diosa.


Las diosas son patrones arquetípicos que descansan potencialmente en la psique de todas las mujeres. Un arquetipo es un molde original de un diseño, del que sacamos copias en el momento que se requiera. Para comprender como funcionan estas fuerzas, debemos referirnos al modelo de la piscología analítica de Jung.

Para él, todo el conocimiento de la humanidad se encuentra archivado en un gran disco duro Universal al que llamó “inconsciente colectivo”. Los arquetipos son una especie de folders en los cuales el programa almacena -y organiza- la información adquirida.

El alcance de los arquetipos es infinito. Pero me referiré a las diosas de la mujer como arquetipos de poder, y modelos de comunicación. Cuando una mujer tiene una experiencia emocional significativa, su psique entra en contacto con este banco de conocimientos y accede a estos patrones, que le permitirán sintonizar con la fuerza que mejor le ayude a responder, desde un buen lugar, a la situación que enfrenta.

Los arquetipos son parecidos a los "códigos" contenidos en las semillas. El crecimiento de las semillas depende del tipo de tierra en las que sean sembradas, de las condiciones climatológicas, de los nutrientes que contenga el terreno, de los depredadores ambientales, de los cuidados que les brinde el agricultor, y de la resistencia de la propia semilla.

Del mismo modo, una mujer puede tener varias diosas presentes al mismo tiempo, que se activarán en un momento específico. La facilidad o dificultad de incorporarlas -y usar su poder- dependerá de la combinación de elementos que interactúan en la propia psique; familia, cultura, disposición mental, y fase de la vida que esté atravesando.

La analogía entre la mujer y la semilla es grandiosa. Igual que una semilla, la mujer atraviesa por diversos periodos. Cada etapa, puede tener la influencia de las diosas que más actúan en los temas que resuenan en ese ciclo. Algunas mujeres, pueden pasar toda la vida bajo la regencia de una diosa particular, que la acompañará a lo largo de sus distintas etapas.

Cada diosa tiene una forma de conciencia determinada que favorece ciertos roles. Según la vibración energética, podemos agrupar a las diosas por categorías. Cada clan comparte actitudes hacia el mundo, modos de relacionarse, y manera de expresar el amor.

En su  libro "Antigua vida mía", Marcela Serrano dice: “Una mujer es la historia de sus actos y pensamientos, de sus células y neuronas, de sus heridas y entusiasmos, de sus amores y desamores. Una mujer es inevitablemente la historia de su vientre, de las semillas que en él fecundaron, o las que no lo hicieron, o dejaron de hacerlo, y del momento aquél,  el único en que se es diosa. 

Una mujer es la historia de lo pequeño, lo trivial,  lo cotidiano, la suma de los silencios. Una mujer es siempre la historia de muchos hombres. Una mujer es la historia de su pueblo y de su raza. Y es la historia de sus raíces y de su origen,  de cada mujer que fue alimentada por la anterior para que ella naciera. Una mujer es la historia de su sangre. "Pero también es la historia de una conciencia y de sus luchas interiores. También una mujer es la historia de su utopía".

Si quieres entrar en el mundo de las diosas y ver quienes te habitan, podrías hacerte las siguientes preguntas: 

¿Qué significa para mí ser mujer? 

¿Qué es para mí una diosa? 

¿Qué es sagrado en mí? 

¿Cómo celebro la vida? 

¿Cuál es mi pasión? 

¿Qué me gustaría sembrar? 

¿Cuál es mi herencia más preciada? 

¿A quiénes -o a qué- le guardo devoción en mi altar personal? 

¿De qué modo contacto mi poder interior?

Comparto con ustedes un grupo de diosas distribuidas en tres categorías: las diosas vírgenes, las diosas vulnerables y las diosas transformadoras o alquímicas.

1-Diosas vírgenes: Artemisa (diosa de la caza y de la luna), Atenea, (diosa de la sabiduría y la artesanía), y Hestia (diosa del Hogar)

Representan la cualidad de independencia y autosuficiencia. Son desapegadas emocionalmente, por lo que no se desvían con facilidad de lo que consideran importante. Se alejan del arquetipo de la víctima. Ya que su atención está sobre sí misma,  no sufren por los demás. Como arquetipos expresan la necesidad de autonomía en las mujeres, y la capacidad que tienen de centrar su conciencia en lo que tiene sentido para ellas.

2-Diosas vulnerables: Hera (diosa del matrimonio, la esposa), Demeter (diosa de las cosechas, la madre), y Perséfone (la doncella, la hija)

Son los arquetipos orientados hacia las relaciones, cuyas identidades y bienestar dependen de tener una relación significativa, expresan las necesidades de las mujeres de afiliación y vinculación.

3-Diosa alquímica: Afrodita (diosa del amor y la belleza)

Es la encargada de la atracción erótica, sensualidad, sexualidad y nueva vida. Facilita el entablar relaciones por decisión propia, sin ser victimizada por el otro. Afrodita mantuvo su autonomía como diosa virgen y tuvo relaciones como diosa vulnerable. El arquetipo de Afrodita motiva a las mujeres a perseguir intensamente las relaciones más que la permanencia, a valorar el proceso creativo y a estar abiertas al cambio.