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sábado, 5 de enero de 2019

La leyenda de los tres reyes magos.


La historia vincula a los reyes magos con el nacimiento de Jesús y, cuenta que luego del nacimiento del niño, la Virgen recibió la visita de los tres sabios. Cada uno portaba un obsequio para el recién nacido. La descripción de los tres reyes magos fue hecha en el siglo XIV por un monje benedictino, Beda, que los describió en un códice.
La visita de los reyes se celebra la duodécima noche después de la Navidad, el 5 de enero, víspera de la festividad de la Epifanía en las iglesias anglicana, ortodoxa y cristiana. Se dice que las reliquias de los tres sabios se encuentran en la catedral de Colonia.

martes, 22 de septiembre de 2015


Bassui escribió la siguiente carta a uno de sus discípulos que estaba a punto de morir.

“La esencia de tu mente no nació, y por esto no podrá nunca morir. No es una existencia que pueda caducar. No es un vacío ni un hueco. No tiene forma ni color. No disfruta de placeres y no sufre dolores.

“Se que estás muy enfermo. Como un buen estudiante de Zen, estás afrontando tu enfermedad de frente. Quizás no sepas exactamente quien está sufriendo, pero pregúntate esto:

¿Cuál es la esencia de esta mente?


Piensa solo en esto. No necesitarás nada más. Tu final, que nunca acaba, es como un copo de nieve disolviéndose en aire puro".

domingo, 20 de septiembre de 2015

El Conejo y el León (fábula)


El conejo y el león.

Un celebre Psicoanalista se encontró cierto día en medio de la Selva, semiperdido.
Con la fuerza que dan el instinto y el afán de investigación logró fácilmente subirse a un altísimo árbol, desde el cual pudo observar a su antojo no solo la lenta puesta del sol sino además la vida y costumbres de algunos animales, que comparó una y otra vez con las de los humanos. Al caer la tarde vio aparecer, por un lado, al Conejo; por otro, al León.

En un principio no sucedió nada digno de mencionarse, pero poco después ambos animales sintieron sus respectivas presencias y, cuando toparon el uno con el otro, cada cual reaccionó como lo había venido haciendo desde que el hombre era hombre.

El León estremeció la Selva con sus rugidos, sacudió la melena majestuosamente como era su costumbre y hendió el aire con sus garras enormes; por su parte, el Conejo respiró con mayor celeridad, vio un instante a los ojos del León, dio media vuelta y se alejó corriendo.

De regreso a la ciudad el celebre Psicoanalista publicó cum laude su famoso tratado en que demuestra que el León es el animal más infantil y cobarde de la Selva, y el Conejo el más valiente y maduro: el León ruge y hace gestos y amenaza al universo movido por el miedo; el Conejo advierte esto, conoce su propia fuerza, y se retira antes de perder la paciencia y acabar con aquel ser extravagante y fuera de sí, al que comprende y que después de todo no le ha hecho nada.

Augusto Monterroso

domingo, 17 de mayo de 2015

La obra maestra está en tu mirada.


Un maestro calígrafo estaba escribiendo algunos caracteres sobre un pedazo de papel mientras que su más avanzado estudiante lo miraba.

Cuando el calígrafo hubo terminado, pidió la opinión del estudiante, quién inmediatamente le dijo que no era del todo correcto. El maestro lo intentó de nuevo, sin embargo el estudiante criticó el trabajo de nuevo.

Una y otra vez, el calígrafo cuidadosamente trazaba los mismos caracteres, y cada vez el estudiante los rechazaba.Finalmente, cuando el estudiante había desviado su atención a algo más y no estaba mirando, el maestro aprovechó la oportunidad de hacer rápidamente los caracteres.

-“¡Listo! ¿Cómo está ese?”, le preguntó al estudiante. 

El estudiante se dio vuelta a mirar. 


-“¡ESA… es una obra maestra!” exclamó.

miércoles, 29 de abril de 2015

Calumnias y elogios




En un amplio patio de la casa más elevada del poblado, descansaba un hombre anciano cuyo rostro se decía que inspiraba una extraña mezcla entre misericordia y firmeza. Era conocido por el nombre de Kalil, y de todos era sabido que de sus palabras parecían brotar un manantial de sabiduría. Un día de sol, en el que el anciano se hallaba meditando bajo la sombra de una vieja higuera, se presentó, ante el umbral de su jardín, un joven que dijo:

- “Amigo sabio ¿Puedo pasar?”

- “La puerta está abierta”, respondió Kalil. El joven, cruzando el umbral y acercándose al anciano, le dijo:

- “Me llamo Maguín y soy artista. Mi trabajo es sincero y pleno de sentimiento, sin embargo tengo un gran problema: Me atormentan las críticas que se hacen de mi vida, mi obra y mi persona. Vivo obsesionado por las descalificaciones de los críticos de arte, y por más que trato de que no me afecten, me acaban esclavizando... Sé que eres un hombre sabio y que tu fama de sanador alcanza los horizontes más remotos.

Dicen también que tus remedios son extraños, y sin embargo no me falta confianza para acudir a ti, a fin de conseguir la paz que tanto necesito en la defensa de mi imagen”. Kalil, miró al joven con cierta displicencia y le dijo:

- “Si quieres realmente curarte, ve al cementerio de la ciudad y procede a injuriar, insultar y calumniar a los muertos allí enterrados. Cuando lo hayas realizado, vuelve y relátame lo que allí te haya sucedido”. 

Ante esta respuesta, Maguín se sintió claramente esperanzado en la medicina del anciano. Y aunque se hallaba un tanto desconcertado por no entender el por qué de tal remedio, se despidió y salió raudo de aquella casa. Al día siguiente, se presentó de nuevo ante Kalil.

- “Y bien ¿Fuiste al cementerio?”, le pregunto éste.

- “Si”. Contestó Maguín, en un tono algo decepcionado.

- “Y Bien ¿Que te contestaron los muertos?”

- “Pues en realidad no me contestaron nada, estuve tres horas profiriendo toda clase de críticas e insultos, y en realidad, ni se inmutaron”. El anciano sin variar el tono de su voz le dijo a continuación:

- “Escúchame atentamente. Vas a volver nuevamente al cementerio, pero en esta ocasión vas a dirigirte a los muertos profiriendo todos los elogios, adulaciones y halagos que seas capaz de sentir e imaginar”. La firmeza del sabio eliminó las dudas de la mente del joven artista por lo que despidiéndose, se retiró de inmediato. Al día siguiente Maguín volvió a presentarse en la casa de anciano...

- “¿Y bien?”

-“Nada”, contestó Maguín en un tono muy abatido y desesperanzado. “Durante tres horas ininterrumpidas, he articulado los elogios y elegías más hermosos acerca de sus vidas, y destacado cualidades generosas y benéficas que difícilmente pudieron oír en sus días sobre al tierra, y... ¿Qué ha pasado? Nada, no pasó nada. No se inmutaron, ni respondieron. Todo continuó igual a pesar de mi entrega y esfuerzo”. Así que...¿Eso es todo?”, preguntó el joven con cierto escepticismo.


- “Si”. Contestó el viejo Kalil. “Eso es todo... porque así debes ser tú, Maguín; indiferente como un muerto a los insultos y halagos del mundo, porque el que hoy te halaga mañana te puede insultar, y quien hoy te insulta mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo, más allá de los claros y los oscuros del mundo”.