lunes, 10 de agosto de 2015

Madres e Hijas, El Vínculo Que Daña, El Vínculo Que Sana.



Nuestra madre es nuestro primer modelo femenino y es además el más poderoso. Aprendemos de nuestras madres qué significa ser mujer, a conocer nuestros cuerpos y a cuidar de ellos. Los mensajes que recibimos de ella sobre nuestro cuerpo, ya sean positivos o negativos, nos definen y afectan nuestra salud a futuro. 

Sólo cuando comprendemos el verdadero impacto del efecto que la relación con nuestras madres tiene en nosotros, podemos comenzar a sanar y cambiar nuestro camino.
 No existe otra experiencia de nuestra infancia más importante que la relación con nuestras madres.


Criar a un hijo física y emocionalmente sano es una de las tareas más difíciles que hay en la tierra. Requiere madurez, altruismo, pérdida de independencia y control y pérdida de la libertad que tanto han buscado las mujeres en la historia. No existe ninguna madre que esté diseñada para que su único rol sea el de cuidar de sus hijos sin recibir apoyo por su propio bienestar y su desarrollo personal. 

Es esencial que la energía que utilizamos para nutrir a nuestros hijos sea repuesta con energía interna y externa dirigida al cuidado y desarrollo personal. Sin embargo, social y culturalmente las mujeres nos hemos visto enfrentadas a la maternidad sin elección y sin apoyo y sentimos que no podemos ni debemos pedir ayuda. 

Sin embargo, cuando nuestra energía se agota, surgen las crisis familiares, las carencias afectivas, la ansiedad, la depresión y hasta la violencia. Empezamos a enfermar pues es la única manera socialmente aceptable en que las mujeres reciben apoyo y cuidado.


Sin embargo, es posible comenzar a sanar y a cambiar la manera como nos enfrentamos a la maternidad y a la vida. En el momento en que una mujer decide que es valiosa y que tiene derecho a recibir amor y cuidado, la situación comienza a cambiar.
La única manera de enseñar a nuestros hijos como reconocer sus propias necesidades y cuidar de sí mismos es haciéndolo nosotras.


Christiane Northrup; "Sabiduría madre-hija"