viernes, 29 de enero de 2016

¿Qué me dice mi dolor?


1.-Realiza tres respiraciones profundas. Al inhalar,  imagina que el aire inspirado llega al lugar del cuerpo que te duele. Exhala muy lentamente, hasta sentir que todo el aire salió de tu interior. Hazlo tres veces. Deja que tu cuerpo acompase la respiración de modo natural.

2.-Lleva la atención a tu dolor. Sé consciente de su forma, su color, su tamaño. Dedícale tu atención por unos minutos. Puedes imaginarlo e incluso dibujarlo. Valora del 0 al 10 cual es la intensidad de este dolor  (donde 0 es nada y 10 es el máximo de intensidad que has soportado nunca).

3.-Hablále a tu dolor. Una actitud agradecida ayuda a que la comunicación fluya.  En una escena imaginaria, “sienta en una silla a tu dolor tal como lo has dibujado”, deja espacio para “escuchar” sus respuestas a estas preguntas.

-¿Desde cuándo estás en mi vida?
-¿Qué cosas pasaban cuando apareciste?
-¿Qué no pude -o no quise- decir o hacer?
-¿Qué hiciste tú que yo no podía? ¿Para qué me serviste?
-¿Qué función tienes hoy? ¿Para qué me sirves?
-¿De qué otra manera podría lograr eso?
-¿En qué te gustaría convertirte si no fueras un dolor? ¿En qué forma, color, tamaño?

4.-Después de terminar el diálogo, lleva de nuevo tu atención al dolor, observa sus modificaciones.. También puedes dibujarlo y valorar del 0 al 10 cómo lo sientes ahora. Mira los cambios.

5. Agradece a tu dolor por lo que ha hecho para ti, despídelo y prométele que lo llevarás en tu corazón de un buen modo.