miércoles, 10 de junio de 2015

Ser mujer, un viaje heroíco




Todo empieza con una sensación de vacío, un sentimiento de vacío común en todas las mujeres de este tiempo “que las hace sospechar que su naturaleza femenina, al igual que Perséfone, se ha ido al infierno”. Este es el punto de partida del trabajo de Maureen Murdock, cuya obra “Ser Mujer. Un Viaje heroico” ha conseguido inspirar a miles de mujeres en todo el mundo y es un best seller internacional.

Murdock es escritora, psicoterapeuta junguiana y licenciada en terapia familiar, especializada en Desarrollo Humano. En su trabajo como terapeuta de mujeres, observó en ellas una pauta de insatisfacción constante por los éxitos profesionales, que describían como una sensación de aridez o vacío, de muerte espiritual, junto con la pregunta ¿para qué sirve todo esto?. 

Según la psicoterapeuta norteamericana, es aquí cuando se revela la búsqueda de la mujer hoy en día, la búsqueda del abrazo a su naturaleza femenina, de aprender a valorarse como mujer y a curar la herida de lo femenino. Se trata de un profundo viaje interior cuyo punto de llegada es un ser humano integrado, equilibrado y completo. Maureen Murdock representa este proceso como un viaje mítico que, en parte, evoca al modelo de búsqueda heroica descrita por Joseph Campbell, pero con etapas y lenguaje peculiares y propios para las mujeres.

Este proceso se inicia cuando la mujer rechaza su naturaleza femenina, identificada por miles de años de patriarcado como pasiva, voluble, débil, inferior, dependiente, demasiado emotiva e improductiva. En su afán por librarse de estas asociaciones negativas, las mujeres se han ido identificando progresivamente con los valores masculinos de nuestra cultura, generando un desequilibrio interno dentro de sí que las ha dejado marcadas y heridas. 

Así, muchas mujeres que han hallado reconocimiento en una sociedad dominada por los hombres, al final, éste “éxito” les ha resultado insuficiente e, incluso, destructivo. El hecho de tomar conciencia de todo esto, permite a la mujer reconectarse de nuevo con lo femenino, hasta alcanzar su plenitud personal.

Y, ¿cómo describe Maureen Murdock todo este proceso? En primer lugar, el viaje comienza con la búsqueda de la identidad de la mujer (puede producirse por muchas circunstancias: una enfermedad o un accidente, el final de una relación, la muerte de un padre o un hijo, un sueño frustrado, insatisfacción, etc.), cuando el “viejo ser” ya no vale y la mujer empieza un descenso hacia su interior, un camino de vagar sin rumbo, de pena y de rabia, de destronar reyes, de buscar los pedazos perdidos de una misma y de encontrarse con la sombra femenina. 

En este período, se empieza a curar la herida que resultó del rechazo inicial de lo femenino, la ruptura madre/hija, y se comienzan a nutrir los propios sentimientos, la intuición, la sexualidad, la creatividad o el sentido del humor. Y, también, las ganas de hacer proyectos creativos, de conectar con la naturaleza, de descubrir el cuerpo y de disfrutar de la compañía de otras mujeres. Es una etapa de decisiones.

Durante este trayecto interior, la mujer también redescubre y empieza a reivindicar el alma perdida de la cultura femenina y sus referentes, lo que muchas mujeres llaman reclamar a la Diosa. Hasta ahora, las mujeres han emulado el viaje heroico masculino porque no había otras imágenes que seguir y reproducir, dado que o bien tenían “éxito” en una sociedad masculinizada o estaban dominadas y dependientes como hembras. 

Por eso, el viaje heroico femenino pone al descubierto nuevos mitos y heroínas para cambiar las estructuras económicas, sociales y políticas de la sociedad. Según explica Murdock, éste debe ser el motivo por el que tantas mujeres dirigen sus ojos a la imagen de la Diosa y de las antiguas culturas matriarcales, para entender las formas de liderazgo más basadas en el compañerismo y en la cooperación.


Para llegar al final del viaje, la curación de la brecha femenina interna ha de ir aparejada a la lenta y sutil integración de los aspectos femeninos y masculinos de la mujer. En este sentido, no se trata de descartar todo lo aprendido y logrado anteriormente, sino de aprender de la experiencia y orientar esa sabiduría a usar las propias habilidades de otro modo. 

El matrimonio sagrado entre lo femenino y lo masculino permite saber navegar en las aguas de la vida cotidiana y escuchar las enseñanzas de lo profundo, ayudar a las necesidades de los otros respondiendo -a la vez- a las propias necesidades. Y trabajar, juntos, para preservar el equilibrio en la tierra, en beneficio de la humanidad.

Maureen Murdock