domingo, 24 de mayo de 2015

Domingo de pentecostés; sé Luz en las sombras.




El Espíritu Santo es la fuerza del amor que existe entre el Padre y el Hijo. Un amor tan grande y tan perfecto que forma una tercera persona, que junto al Padre y al Hijo forma la Santísima Trinidad.

La fiesta de Pentecostés es uno de los Domingos más importantes del año, después de la Pascua, es el descenso del Espíritu Santo. Pentecostés = cincuenta días (siete semanas).

En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha y, posteriormente, el sentido de la celebración cambió para transformarse en una fiesta de agradecimiento por la Ley entregada a Moisés.

Los símbolos del espíritu santo son el viento, el fuego, y la paloma. A lo largo del nuevo Testamento el Espírutu Santo ha recibido diversos nombres: el Espíritu de verdad, el Abogado, el Paráclito, el Consolador, el Santificador.

La promesa de la Luz.

Durante la Última Cena, Jesús les promete a sus apóstoles: “Mi Padre os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre: el espíritu de Verdad” (San Juan 14, 16-17).

Más adelante les dice: “Les he dicho estas cosas mientras estoy con ustedes; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése les enseñará todo y traerá a la memoria todo lo que yo les he dicho.” (San Juan 14, 25-26).

Al terminar la cena, les vuelve a hacer la misma promesa: “Les conviene que yo me vaya, pues al irme vendrá el Abogado,... muchas cosas tengo todavía que decirles, pero no se las diré ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de Verdad, os guiará hasta la verdad completa,... y os comunicará las cosas que están por venir” (San Juan 16, 7-14).

También, en I Corintios 3. 16 dice: “¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en ustedes?”