martes, 19 de mayo de 2015

Lo bueno y lo malo.



Solemos dividir el mundo en una parte que tiene el derecho de existir, y otra, que en el fondo no debería estar, aunque en realidad está y actúa. A lo primero lo llamamos bueno o sano, o sanación y paz. A lo otro lo llamamos malo o enfermo, o desgracia y guerra -y todas las demás expresiones que se suelen emplear-.

Eso tiene que ver con que llamamos bueno y ventajoso a aquello que nos resulta leve; y a aquello que resulta grave, lo llamamos fatal o malo. Pero mirándolo más detenidamente, vemos que la fuerza que hace progresar al mundo se fundamenta en aquello que nosotros llamamos difícil o malo o grave.

El desafío para lo nuevo, nace de aquello que preferiríamos eliminar o excluir. Por tanto, esquivando lo difícil o lo pecaminoso o beligerante, perdemos precisamente aquello que quisiéramos conservar: nuestra vida, nuestra dignidad, nuestra libertad, nuestra grandeza.

Sólo quien también encara las fuerzas oscuras y asiente a ellas, se encuentra unido con sus raíces y con la fuente de su fuerza. Tales personas son más que buenas o malas: están en sintonía con algo más grande, con su profundidad y con su fuerza.


Bert Hellinger