jueves, 9 de febrero de 2012

Todo va bien en mi mundo.


Todo va bien en mi mundo fueron las palabras pronunciadas por Nisargadatta Maharaj en respuesta a una entrevistadora, luego que esta le pidiera que hablara de los problemas de su vida. La entrevistadora insistió en que Nisargadatta tenía que tener problemas como todos los otros seres humanos.

Nisargadatta le dijo: Usted no tiene ningún problema, sólo su cuerpo tiene problemas… en su mundo, nada perdura; en el mío, nada cambia.

Esta es una afirmación de mucha fuerza. Al decir que en su mundo todo iba bien, el maestro estaba hablando desde la posición del espectador comprensivo. Dentro de todos nosotros existe la dimensión eterna e inmutable de nuestro yo espiritual. Éste es el yo invisible que le habla al yo físico. Es el pensador de los pensamientos. Este observador comprensivo no se revela por vía de instrumentos científicos y no aparece en las autopsias.

Cuando uno es realmente capaz de creer en el dominio espiritual del espectador, entonces nada va mal porque todo tiene sentido para el observador. Todo tiene su orden. Desde esa perspectiva nada se cuestiona. Es como vivir en el paraíso, en sintonía con la eternidad del espíritu, al tiempo que vivimos en el cuerpo físico. Pero en este espacio, el cuerpo no es el centro de la existencia.

Cultivar la condición de espectador nos coloca en el sendero donde nuestro yo superior comienza a influir sobre nuestro ego físico en lugar de que suceda lo contrario. Todo va bien en mi mundo describe el poder y el valor de cultivar la condición de observador.

Como dice Maharaj: “Dedícale toda tu atención, examínalo con amoroso cuidado, y descubrirás alturas y profundidades del ser con las que no has soñado, absorto como estás en la insignificante imagen de ti mismo”.

Adaptado de “Tu yo sagrado” de Wayne W. Dyer.

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