domingo, 22 de diciembre de 2013

El silencio es la dinámica del retiro.


 
El silencio crea el clima interior de quietud en el cual se puede escuchar la voz de Dios. El abstenerse de diálogo con otros libera la comunicación fácil, espontaneidad con Dios que es la oración.

Debemos tener tiempo para el silencio como también para la comunicación, tiempo para retraernos como también para envolvernos. Demasiada comunidad despersonaliza; demasiadas solicitud lleva a una soledad estéril. El silencio en la comunidad creada integración y balance.

El silencio y discurso son correlativos. Se complementan uno a otro. Sin períodos de silencio sólo podemos hablar vacuencia.

“¿Dónde está el silencio? ¿Dónde está el amor? Al final éstos no se puede encontrar en ninguna parte excepto en el fondo de nuestro propio ser. Allí, ya no hay más distinción entre el yo y él no-yo. Hay una perfecta paz porque estamos enraizados en el amor infinito, creativo y redentor. Allí encontramos a Dios, al que ningún ojo puede ver, y en quien, como dice San Pablo: “vivimos, nos movemos y existimos”, hechos 17,28

“Si no hay silencio más allá y dentro de las muchas palabras de la doctrina, no hay religión, sólo una ideología religiosa. Pues la religión va más allá de las palabras y acciones, y llega la verdad última sólo en silencio y en el amor.

“Donde falta el silencio, donde sólo hay las muchas palabras y no La palabra, entonces allí hay mucho bullicio y actividad, pero no hay paz, no hay pensar profundo, no hay quietud interior. Donde no hay paz, no hay unos y no hay amor”
Thomas Merton.