martes, 2 de octubre de 2012

Cuando el fuego sana.


El domingo, en la presentación de uno de los grupos de psicogenealogía cuyo trabajo fue “Vida-Muerte-Vida”, ocurrieron sucesos muy singulares de esos que llegan inesperadamente para guiarnos, mientras nos dejan sumidos en un estupor y asombro que dura varios días…

Ese día, como parte del ritual de la muerte quemamos las cosas que hacen difícil el transitar por nuestro destino. El contenedor para el fuego fue el caldero de “bruja” de una buena amiga, que actualmente esta en Canadá, facilitado para la experiencia por su hija que está en la formación.

Todo estaba bien. A lo largo de mis vivencias en el mundo mágico estas cosas ocurren con naturalidad. El fuego es un elemento muy utilizado en los rituales; nos aporta fuerza, valentía, coraje, pasión por la vida y mantiene presente en nuestra consciencia que la energía del espíritu es todo lo que fue, lo que es y lo que será.

Nada existe afuera…todo está adentro…el fuego interior nos impulsa a buscar nuevos caminos, a enfrentar nuevos retos y correr riesgos. Al trabajar con el fuego nos sentimos vigorosos, entusiastas, optimistas y creativos. La danza activa al elemento fuego, nos conecta con la alegría de vivir y con la fuerza interna.

Cuando despertamos a los elementales del fuego en nuestro interior, estamos contactando con el fuego sagrado que nos calienta, reconforta, y reanima a continuar la jornada cuando estamos exhaustos, abatidos o paralizados (congelados). El fuego interior es un faro que nos guía, llenándonos de valor y coraje cuando estamos temerosos y confundidos.


Desde tiempos muy remotos, los elementales del fuego participan en rituales de fuerza física, protección, valor, iniciativa, energía, deseo sexual, sensualidad, belleza, pasión, entusiasmo, capacidad de gozo, alegría, optimismo, alto rendimiento, capacidad de terminar los proyectos que iniciamos, amor por uno mismo y agradecimiento por la vida.

Los seres elementales del fuego son llamados Salamandras, y son de tamaños variados. Se reagrupan según su color que usualmente es rojo, anaranjado, amarillo o violeta. Las Salamandras se forman con las llamas, y sus formas cambian sin cesar buscando las formas de la silueta humana.
En chamanismo, el fuego representa la energía creadora de Dios en su forma “Espíritu”. El fuego total es la suma de la llama y el calor. Toda vida necesita el fuego del espíritu para existir. En psicogenealogía, la llama representa a nuestros padres, abuelos, tíos, primos, y demás miembros de familia que influencian nuestra “forma”. Por ellos pensamos, sentimos y actuamos de una determinada manera.
La parte calor es representada por aquellos miembros que por su llegada al árbol no conocimos; bisabuelos, tatarabuelos, y otras generaciones más lejanas. Aquí también encontramos a los aliados y las energías de la familia espiritual. Ellos nos guían sutilmente por vía de las señales para que lleguemos con éxito a nuestro destino.
La llama nos aporta la “fuerza” y se relaciona con la dimensión material. El calor brinda el “poder” del fuego y se relaciona con la dimensión espiritual de la existencia. Ninguna persona se expone a la llama sin que su “materia” quede marcada. Frecuentemente, nos entregamos a la familia espiritual, en detrimento de la familia natural, porque nos sentimos “poderosos”.
Podemos regular el impacto de las huellas que nos deja el contacto con el calor, pero el contacto con la llama no puede ser ocultado. El calor podemos combatirlo, regularlo y evitarlo, y es así como nos relacionamos con la familia espiritual: si la necesitamos la buscamos, si es agobiante la evitamos. Si no nos gusta el calor nos vamos a un lugar “fresco”.
Así, saltamos de un lugar a otro sin que el compromiso espiritual cuaje, o nos refugiamos infantilmente en un compromiso extremo (fanatismo) para sentirnos más poderosos que la familia que nos marcó con su contacto. Hoy día, la fuerza de la familia en que nacimos se reúne con el poder de la familia divina. El cielo está descendiendo a la tierra, y la tierra está ascendiendo hacia los cielos.
Ver físicamente este movimiento de liberación es otra cosa. El corazón es el único que expresa la fuerza y el poder. Por ello, es el centro de sanación por mediación del amor. El color de este centro (Anahata) es el verde. El domingo vi el baile de las salamandras en un fuego verde esmeralda jamás visto.



En el caldero de bruja de mi amiga, los espíritus de nuestros ancestros danzaban con las salamandras en un rito de purificación y sanación de nuestras imágenes de la Vida-Muerte-Vida.
Este es un tiempo de extraordinarias bendiciones! Doy gracias a todos los que vinieron antes que yo, y a los que están ahora conmigo, por legarme la fuerza y el poder para estar aquí y entregarme a la magnificencia de esta bella aventura que llamamos vida.

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