domingo, 24 de febrero de 2013

Ritual de cumpleaños.

 
 
Para mí, festejar el cumpleaños es vital. Es llevar a su fin un año y comenzar otro, para darme cuenta el modo en que suelto y tomo…al final de cuentas, la vida se trata de una serie interminable de encuentros (bienvenidas) y desencuentros (despedidas). El arte de vivir es la manera en que logramos hacer bien esto.


Por ello, cada cumpleaños es una valiosa oportunidad de evaluarme en mi relación con la vida. Ver donde estoy…como lo estoy viviendo…desde donde me relaciono…que es importante para mí…que fuerzas me impulsan…


El proceso empieza 52 días antes de la fecha, y la manera en que nos sentimos durante este tiempo es el ensayo preliminar, que nos permite ajustar todo lo que sea necesario antes del gran evento. Algunas personas lo pasan mal, sienten nostalgia, tristeza, tensión, etc, lo que muestra el en modo que viven la despedida. Para mí, estos 52 días previos suelen ser de mucha alegría, sorpresas agradables y me envuelvo en la euforia de celebrar.

 
Comparto un bello ritual de cumpleaños:


El día previo a mi cumpleaños, preparo dos regalos: uno para mi padre y otro para mi madre (los padres siempre viven para sus hijos). También puedes incluir a las personas significativas de tu infancia.


Enciendo dos velas; una para iluminar mi pasado y otra para alumbrar mi porvenir. La primera la uso el día anterior y la segunda el día del cumpleaños.


Escribo en un papel tres cosas que no logre realizar en el año que termina, o que suelto para recibir lo nuevo. Este papel se quema con la vela del pasado y se entierra el resto de la vela y las cenizas del papel en un macetero pequeño en el siembro una planta nueva para colocarla en mi espacio. La primera agua con que la alimento lleva una cucharada de miel.

 
En otro papel escribo mis tres grandes deseos para el nuevo año y la quemo con la vela de mi futuro que casi siempre es la que he colocado en el pastel de cumpleaños. Guardo la vela ay el papel hasta el siguiente año.


Un papel hermoso donde coloco el nombre de mi nuevo año. Por ejemplo, el año pasado lo nombré “Generosidad desinteresada”.


La primera porción del biscocho es mía para endulzar mi nuevo ciclo y ¡a celebrar!

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