sábado, 9 de febrero de 2013

Tahar y la botella de perfume.




El crecimiento es un proceso, tanto si es interior o exterior. El florecimiento interior también necesita tiempo. En muchos casos, el mayor regalo de amor que hacemos, al otro y a nosotros mismos, es disfrutar que sea quien es. Por mucho que deseemos cambiar la realidad, pasar directamente de la alcantarilla a la perfumería de nuestro ser es una ilusión, que solo nos dejara cansados y frustrados.

Comparto con ustedes este ilustrador cuento sufí de Rumi.

Tahar y la botella de perfume.


Desde que era alcantarillero, Tahar se pasaba todas sus jornadas chapoteando entre los excrementos. Un buen día, al salir de su trabajo, una perfumería despertó su curiosidad y entró en el establecimiento.

Asombrado por todas estas fragancias desconocidas, aspiró profundamente para captarlas mejor, pero su cuerpo se puso rígido y perdió el conocimiento en el acto. Trataron de reanimarle sin éxito. Le hicieron respirar sales, le dieron cachetadas en las mejillas, le rociaron con agua, pero todo fue en vano. Tahar seguía inconsciente.

Avisado, su padre se fue a toda prisa hacia la perfumería, provisto de una cajita de excrementos. Una vez allí, se acercó a Tahar y abrió la caja ante su nariz. Algunas segundos más tarde, éste se despertó, asombrado de encontrarse en una situación semejante.

Rumi.

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