domingo, 18 de noviembre de 2012

La compasión: quien no ha sufrido nada, ¿qué sabe?


Si siento compasión por alguien, sufro con él Su sufri­miento me conmueve de tal manera que yo también sufro con él Esta compasión es amor, amor al prójimo. Mi compa­sión hace más leve el sufrimiento del otro. No sufre solo.
¿Qué me ocurre si sufro con el de ese modo humano? También yo me hago mas humano. Sé que también a mi! me puede tocar un sufrimiento así, que también a mí me aliviaría mi sufrimiento si otros sufrieran de ese modo conmigo y me mostraran su amor humano.
Otra cosa es si lamento el sufrimiento del otro, en lugar de sufrir humanamente con él. Mi lamento hace su sufri­miento mas pesado. Con mi lamento también lo dejo solo. Con mi lamento me cierro mas bien ante su sufrimiento en lugar de compartirlo con él Mi lamento también lo empe­queñece, como si con su sufrimiento fuera menos humano y, por eso, lamentable.
Pero todavía es peor si su sufrimiento nos parece mal, como si algo no estuviera en orden. En ese instante nos nega­mos a ver su sufrimiento en relación con un movimiento espi­ritual que lo arrastra a través de su sufrimiento hacia algo que lo perfecciona.
A veces se oculta tras el lamento y la compasión un repro­che a ese poder espiritual que todo lo rige. Entonces deci­mos, par ejemplo: ¿Como pudo Dios permitir esto? AI mismo tiempo tememos que también a nosotros pueda tocarnos un sufrimiento así y también nos sintamos abandonados o casti­gados por Dios.
Aun existe otra compasión. Porque no soportamos el sufri­miento de una persona queremos hacer algo, a menudo sin verdadero sentimiento. Por ejemplo, consolándolo sin sufrir realmente con él. 0 nos ajetreamos e intentamos cualquier cosa para ayudarle, a pesar de tener que admitir, si somos honrados, que nos faltan las fuerzas y los conocimientos para ello. Por ese modo de pretender ayudarle nos protegemos sobre todo de la verdadera compasión, de sufrir realmente con el
Este con-padecer se muestra en que nos quedamos con él, acaso solo callados a su lado. Estamos con el y para el. Toma­mos en serio su sufrimiento. Lo tomamos en serio también para nosotros.
Este con-padecer nos une con las fuerzas mayores. En con­sonancia con ellas sabemos a veces que convendría hacer para ayudar realmente. Nuestra con-pasión en consonancia con estas fuerzas mayores nos permite encontrar caminos y recorrerlos con el sufriente que Ie den esperanzas. Entonces el crece por encima de este sufrimiento y puede afrontarlo de una manera que lo haga más soportable y acaso también lo vuelva mejor.
Esta compasión es compasión activa, compasión con amor, que puede conllevar también lo ultimo a lo que con­duce.
Hay un dicho al respecto que me ha acompañado toda la vida: quien no ha sufrido nada, ¿qué sabe? Este dicho vale también para la compasión. Nos hace más sapientes.
Bert Hellinger; Pensamientos de realización. 

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