jueves, 12 de julio de 2012

Día 3; Cuarenta días de purificación en el agradecimiento consciente.

Templanza y Bendición.




"Humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas".
Gálatas 5:23.

Cualquier cosa que nos separe de disfrutar nuestra bendición inmediata, es una resistencia a vivir "lo que es". El milagro siempre se encuentra en el momento presente, así que cualquier condición que pongamos para que las cosas ocurran o para disfrutar lo que es, es tan solo una ilusión de nuestro niño herido, que juega a que tiene el poder para cambiar la realidad. Nos guste o no, la realidad es lo que es y no tiene consideraciones con nosotros porque la critiquemos, le temamos, la enjuiciemos o nos paralice del miedo.
Los niños son dependientes por mucho que piensen lo contrario. Ellos necesitan a alguien con más poder, fuerza, tamaño o edad para lograr seguir con la vida. Para ellos, vivir depende de tener a ese alguien o algo. Nuestras dependencias son temas o áreas de nuestra vida en la que nos resistimos a crecer. Cuando digo esto no hablo de grandes dependencias como drogas, alcohol o relaciones tóxicas, me refiero a “cualquier” cosa que nos sirva como excusa para ponerle condiciones a la vida.
La gente que me conoce hace tiempo, sabe que para mi bañarme es una actividad programada. La razón principal es la temperatura del agua, ya que me gusta el agua extremadamente caliente! Viviendo en una isla del Caribe, donde el invierno es solo un proceso interior más que una estación real, en pleno verano con una humedad altísima y un calor de casi 34°C, suelo encender el calentador por 4 a 6 horas antes de ducharme!
La madurez es el momento de nuestra vida que nos llega tras darnos cuenta que, poner condiciones para "estar bien" es una actitud infantil. Cuando decidimos ir a Perú, sabía que no tendría agua caliente en la selva, y aunque la idea no me gustaba la acepté. Una vez más, la vida me mostró que no tengo posibilidad de controlar nada, ya que ella tiene su propia agenda. Así, estando en la primera ciudad de nuestro itinerario (Cusco) me encontré en un hotel sin calefacción y sin agua caliente con una temperatura de 3°C.
Luego de quejarme, exigir, pelear y razonar con los organizadores del viaje y la gerente del hotel, compraron calefactores portátiles y solucionaron el agua caliente con una bombona de gas. Al otro día, en todas las habitaciones había agua caliente y los huéspedes tomaron su baño a las 6:00 a.m. a excepción de tres cuartos en los que el problema no se solucionó. En uno, el agua estaba super caliente, pero la llave de agua fría no funcionaba y el huésped no podía templarla. En dos de las habitaciones, solo había agua fría y una de esas era la mía!
A lo largo de mi vida, esta situación con el agua me ha llevado a renunciar a invitaciones, dejar esperando gente, enojarme, llegar tarde a compromisos, entre otras cosas, todo porque tenia que esperar mucho tiempo antes de que el agua se calentara a “mi gusto”. Esta mañana, conscientemente inicié el día con un baño sin encender antes el calentador. Entonces, recibí el agradable y sorprendente regalo del agua a temperatura ambiente que se deslizaba por mi cuerpo como si se tratara de un experto amante. Disfruté la experiencia de una manera inimaginable.


No era la vivencia del baño con el agua friísima de Perú, como tampoco era la experiencia con el agua calientísima que solía recibir con tanto agrado. Era una experiencia nueva que resultaba de una combinación maravillosa de ambas cosas, a lo que usualmente llamamos “agua templada”. Hace unos años, el Pastor Toca dijo en una de sus prédicas que la templanza (o dominio propio) es la fuerza interior que toma la autoridad sobre nuestras pasiones y deseos, modificando nuestras respuestas.
Hoy en la noche, mientras hacia el viaje interno acostumbrado para iniciar mi trabajo, empecé a hablar de la templanza. La inspiración para mis palabras provenía del agradable recuerdo de mi baño matutino y del arquetipo del tarot que lleva este nombre en la carta #14. Como generalmente ocurre, la primera sorprendida por el curso de mis reflexiones soy yo. Les pedí que buscaran en su interior una situación que les causara molestia, desagrado o que les retara, que observaran hacia dónde iba el movimiento interior en sus cuerpos…que colocaran esa situación en una de sus manos.
Luego les pedí que buscaran el opuesto de esta situación…lo que si les gusta, lo que es fácil y agradable…y hacer lo mismo que antes; buscar hacia dónde va el movimiento y desde dónde están respondiendo hasta colocarlo en la otra mano…entonces debían mover las manos y templar la situación hasta que estuviera en una manera que la pudieran “tomar”…El resultado de esta tarea es que “nos movemos” en una dirección diferente! Quien hace esto recibe el doble de lo que tenía al principio.
En palabras de Jung: “La psique es un sistema de autorregulación que se mantiene en equilibrio lo mismo que el cuerpo. Todo proceso que va demasiado lejos provoca inmediata e inevitablemente una actividad compensatoria”. En nuestro interior habitan muchos personajes y parte de nuestra tarea es saber quiénes son y aprender a reconocer sus voces. Uno de nuestros personajes internos más conocidos es el saboteador, quien se presenta con más frecuencia de la deseada en forma de malestar, saboteando nuestros esfuerzos de ser feliz y salir con bien de nuestros desafíos.
Cuando no somos conscientes de los patrones de pensamiento y conducta de este arquetipo, él puede conseguir que nos resistamos a aprovechar las oportunidades que decimos querer. El saboteador es el espejo que refleja nuestro miedo a asumir la responsabilidad de nuestras vidas y de nuestras creaciones, convirtiéndose así en guardián de nuestras decisiones. La templanza nos da el dominio propio sobre las decisiones que tomamos. De esta forma, sana a nuestro saboteador interno transformado su fuerza en una aliada de nuestros propósitos.
En el tarot, esta carta tiene en la frente una flor de cinco pétalos mostrando que sus pensamientos son “perfumados”. Esta es una carta para sanar. Según Alejandro Jodorowsky, muchas personas ven en este arcano al Ángel de la guarda o Ángel de protección. Hace muchos años, esta lámina se presentaba en mis sueños como si fuera una vista fija frente a mis ojos. Por aquella época no conocía el tarot y no comprendía su significado. Un tiempo después, mientras tomaba un entrenamiento con los arcanos del tarot de Marsella, reconocí al “Ángel” de mis sueños.



Durante mucho tiempo, cuando la carta # 14 salía en una de mis lecturas me quedaba muda sin saber que decir. Uno de los misterios de este arcano son las dos vasijas en sus manos. De una jarra que se encuentra en lo alto sale líquido hacia la otra que está en la parte baja. De este modo, la templanza muestra las dos partes de nuestra psique a las que Jung llamó ánima (parte receptiva) y ánimus (parte activa). Responder a algo o a alguien desde la templanza es fluir con las circunstancias, ya que vemos los contrarios no como oponentes u opuestos, sino como complementarios. Uno se nutre del otro y juntos realizan el plan.
Ambas polaridades son necesarias para que el milagro ocurra. Así, llegamos al equilibrio y la compensación. La Pachamama es un ser viviente con un corazón que late al unísono con la vida. En el universo todo fluye de manera armoniosa y rítmica. Integrando los opuestos se posibilita el reconocimiento de la bendición. La templanza es una armónica manera de alcanzar nuestras metas más queridas. Es una nueva y abierta manera de mirar, orientada a "desbloquear" la relación con nosotros mismos.
Templar las cosas es un modo de invitar a nuestro Ángel de la guarda para que medie entre nuestro ego y nuestra alma. Cuando decimos “si” a lo que es, nuestra vida fluye con un ritmo perfecto acoplado al del universo. Las resistencias desaparecen cuando nuestro corazón late en sintonía con el corazón de la gran madre. Algo se pierde, algo se gana; algo se va, algo llega; algo asciende, algo desciende; algo muere, algo nace. Lo masculino y lo femenino se combinan dando origen a una tercera naturaleza en la forma de un hijo en el que ambos padres tienen vida.
Cuenta una historia que un día llegó la oscuridad ante Dios y le dijo:
-“El Sol me está molestando siempre…me tortura constantemente”
Entonces Dios le dice que lo llame para ver qué es lo que tiene contra ella. Y ocurrió que cuando llegó el Sol, la oscuridad ya no estaba en ninguna parte.
Los ojos del Ángel de la carta de la templanza son amarillos, indicando que donde mira ilumina… donde mira bendice, y nos muestra que donde hay luz, la oscuridad se marcha.

Karina.

1 comentario:

  1. Gracias Karina, por la magnifica síntesis de la experiencia de anoche, recreando tu vivencia del Peú, me ha ayudado mucho y me hago seguidora de la SRA TEMPLANZA, acojo su bendición.

    La foto de la cascada preciosa!

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