jueves, 12 de julio de 2012

Día 4; Cuarenta días de purificación en el agradecimiento consciente.

Vivir con tranquilidad, ligereza y sencillez.



Debemos tener voluntad para deshacernos de la vida que hemos planeado,
para tener la vida que nos espera.
Joseph Campbell.

Vivimos la mayor parte del tiempo buscando respuestas a nuestras preguntas. Paradójicamente, cuando escucho a mis clientes decirme que están más tranquilos, duermen mejor, disfrutan más sus relaciones y viven con serenidad después de haber atravesado por una difícil prueba, me doy cuenta como nos simplificamos la vida cuando renunciamos a entender para rendirnos a sentir. Así, iniciamos el viaje hacia la dimensión espiritual.
La vida es para ser vivida, no entendida. Cualquier cosa que surja, será siempre un paso hacia el misterio, la oscuridad y lo desconocido. Sólo los efectos dejarán claro si el camino que seguimos fue apropiado o si ayudó efectivamente. No hay nada que hacer, ya todo esta hecho. Nuestra participación en un proceso de sanación es muy reducida. En realidad, nuestro único aporte es estar disponibles para que el Gran Espíritu haga su obra en nosotros.
Simplemente renunciamos a las expectativas que nos hacen desear el logro de un determinado resultado, y permanecemos profundamente humildes frente a todo lo que tememos, incluso frente al miedo de tener éxito en lo que creemos desear. Al Gran Espíritu solo podemos acercarnos en completa humildad o rendición. Así lo vimos en el sacerdote andino (Panpamisayoc) de la comunidad de los queros que ofició gran parte de las ceremonias en las que participamos.
Durante el tiempo de nuestro, el grupo de los trece pudimos vivir desde la tranquilidad, la ligereza y la sencillez a pesar de que cada día traía su afán (y no pequeño). La tranquilidad a la que me refiero es una ausencia de brusquedad, violencia y agitación física, emocional y mental. Es el estado de serenidad y sosiego que nos llega cuando logramos relacionarnos de un buen modo con un determinado lugar, relación o situación. Para los sabios de la  antigüedad, la tranquilidad es separar lo fundamental de lo accesorio.
Aunque físicamente cargábamos con un asombroso exceso de equipaje, la ligereza es no cargar con los contenidos densos que se generan al enjuiciar o resistir los sucesos en los que participamos, y alcanzar la capacidad de discernir adecuadamente entre lo que es importante y lo que no lo es. El peso es una de las características de la materia, en cambio el Espíritu tiene como cualidad la ligereza.
En Constelaciones Familiares vemos la ligereza como el un que saboreamos cuando logramos la reconciliación con algo o alguien que habíamos excluido, rechazado, olvidado, temido o abandonado. Cada vez que podemos abrir espacio en nuestro corazón para la reconciliación, y asentimos a lo que es; una madre o padre abusivo, una pareja indiferente, un hijo enfermo o un aborto, acogiendo eso que antes nos generó dolor con mucho amor, el cuerpo se torna ligero aunque lleve un gran peso físico.
La sencillez es la virtud que nos permite establecer las relaciones que son necesarias para nuestro crecimiento. Los niños sanos son la mejor muestra para observar la sencillez. La sacerdotisa que oficiaba los ritos es una mujer de una edad incalculable, sin embargo su rostro, vitalidad y alegría es la de una niña juguetona y traviesa. La persona sencilla es inocente, sincera, afable, directa y abierta hacia lo bueno. La esencia de alguien así, está liberada de disfraces, complicaciones, recargamientos y complejidad.



Para relacionarnos es imprescindible tener un lenguaje con el que podamos intercambiar. La sencillez es el lenguaje de la Vida. De este modo, nos relacionamos con ella de una manera sana, veraz y en sintonía con la creación. Quien es sencillo es sensible a la naturaleza, a los árboles, montañas, viento, agua y a todas las cosas que han sido creadas. La sencillez nos permite recibir el mensaje que la vida nos expresa simbólicamente.
Regresamos hace tan solo un par de días, y alguno de nosotros ya retomamos la complejidad de la vida “moderna”; montanas de correos, ríos de citas, nubes de llamadas, y toda naturaleza de mensajes de textos, orales y BC’s. Ayer hable con una amiga y me dijo que extrañaba el silencio y la placidez que teníamos en la selva. El asunto es que cuando ponemos en acción las fuerzas que mueven este deseo, con frecuencia lo que encontraremos es una gran arrogancia y soberbia intelectual. La persona sencilla paga el precio de exponer todo su interior, y ser tan transparente como un niño.

Mucha gente cree que este precio es muy caro, e inconscientemente se protege y defiende tras sus mascaras sociales. De este modo, sus vidas quedan atrapadas en las raíces del tiempo. Le falta espacio para hacer todo lo que tienen en agenda. En cambio, la persona sencilla se permite a si misma cada cosa que siente o piensa, y a la vez, lo entrega al poder transformador del Gran Espíritu. Esto solo es posible desde el amor. El miedo solo nos lleva a protegernos y defendernos de aquello que tememos. Seguir sufriendo es la manera en que la buena conciencia nos hace sentir que pertenecemos, al clan familiar y a nuestro grupo extendido.

La sencillez surge cuando miramos con el corazón una realidad, que no es visible ni aparente para la mayoría de los sufrientes. La sencillez es la virtud de gestionar la vida con la menor inversión de tiempo, esfuerzo, energía y medios posibles. La naturaleza nos enseña sabiamente que, el beneficio se multiplica en proporción directa a la reducción de la complejidad. Como dice George Elliot: “Nunca es demasiado tarde para ser lo que podrías haber sido”.

Karina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario